Los Fiordos del Oeste —Vestfirðir en islandés— son la región menos visitada de todo el país: apenas un 10% de los turistas que llegan a Islandia llega hasta aquí, precisamente porque esta península dentada queda fuera de la Ring Road y exige un desvío deliberado, no una parada de paso. Quien lo hace encuentra acantilados de aves marinas, cascadas en forma de abanico y pueblos de pescadores que parecen detenidos en el tiempo.
[IMAGEN 1: Vista aérea de un fiordo escarpado y pueblo pesquero en los Fiordos del Oeste de Islandia | ALT: fiordos del oeste de Islandia guía de visita]

Los Fiordos del Oeste de Islandia son una península remota al noroeste del país, fuera de la Ring Road, cuyos imprescindibles son el acantilado de aves marinas de Látrabjarg, la cascada escalonada de Dynjandi y el pueblo de Ísafjörður, y que requieren al menos 2-3 días propios dentro de un itinerario más largo.
A continuación, qué ver en la región, cómo llegar y moverse por ella, y cómo encajarla dentro de un itinerario más amplio por Islandia sin que el viaje se desborde de días.
Antes de entrar en el detalle de qué ver, conviene entender qué hace a esta región distinta del resto del país y si de verdad compensa el desvío.
Mientras que el sur del país recibe la inmensa mayoría del turismo —Círculo Dorado, Costa Sur, laguna de Jökulsárlón—, los Fiordos del Oeste quedan al margen casi por completo del circuito habitual. No es casualidad: la región no está en la Ring Road, las distancias son largas y las infraestructuras turísticas, mucho más escasas que en el sur. El resultado es un paisaje que se vive con una sensación de descubrimiento que ya es difícil de encontrar en las zonas más fotografiadas del país.
Esa escasez de visitantes tiene un efecto directo en la experiencia: miradores sin nadie más, carreteras donde pueden pasar varios minutos entre un coche y el siguiente, y una sensación de calma que contrasta con los aparcamientos llenos de autocares de la Costa Sur en temporada alta. No es una región «mejor» que el sur en términos de monumentos por metro cuadrado, pero sí la que mejor conserva ese carácter remoto que mucha gente imagina de Islandia antes de llegar y que, en la práctica, cuesta encontrar fuera de aquí.
Los Fiordos del Oeste son, geológicamente, la parte más antigua de Islandia, formada hace unos 16 millones de años, y se nota en un paisaje distinto al volcánico y «joven» que domina el resto del país: montañas más erosionadas, fiordos profundos tallados por glaciares y una costa recortada que no se parece a la de la Península de Snæfellsnes ni a la del este. Es una Islandia más silenciosa, de pueblos diminutos y carreteras vacías.
Dos días bastan para ver lo esencial de la región —Látrabjarg y Dynjandi, con Ísafjörður como base—, pero quien disponga de tres días puede añadir alguno de los fiordos secundarios o un paseo más tranquilo por pueblos como Þingeyri o Flateyri. Menos de dos días no compensa el desvío: la lejanía de la región hace que casi un día entero se vaya solo en llegar y en salir.
La forma más habitual de repartir esos dos o tres días es dedicar el primero por completo al trayecto de llegada y a instalarse en Ísafjörður, el segundo a la excursión de día completo hasta Látrabjarg con parada en Dynjandi por el camino, y, si hay un tercer día, usarlo para un recorrido más pausado por los fiordos más pequeños del entorno de Ísafjörður o para una excursión en barco si el tiempo lo permite.

Estos son los tres imprescindibles de la región, los que justifican por sí solos el desvío desde la Ring Road.
Dynjandi es, para buena parte de quienes ya han recorrido Islandia varias veces, la cascada más bonita del país: cae en forma de abanico, ensanchándose progresivamente desde unos 30 metros de ancho en la parte superior hasta cerca de 60 metros en la base, en un salto escalonado de unos 100 metros de altura total. El sendero que sube junto a la cascada, con varias caídas de agua menores en el camino, se completa en poco más de una hora y es accesible para la mayoría de niveles de forma física.
Ísafjörður, rodeado de montañas que caen casi verticales sobre el fiordo, es el núcleo de población más grande de toda la región y funciona como base perfecta para explorarla, con la oferta de restaurantes y alojamiento más amplia de los Fiordos del Oeste. Pueblos más pequeños como Þingeyri o Flateyri, con apenas un puñado de casas cada uno, dan una idea de la escala real —y del aislamiento— con la que vive buena parte de esta región durante todo el año.
Quien disponga de un día adicional puede acercarse también a la Reserva Natural de Hornstrandir, en el extremo norte de la península, accesible solo en barco desde Ísafjörður y sin carreteras ni población permanente: la zona deshabitada más extensa de Islandia, donde los zorros árticos campan con una confianza que no se ve en ningún otro punto del país por la ausencia casi total de presencia humana. No es una parada que encaje en una visita de dos o tres días, pero merece mención para quien ya esté planificando una ampliación futura del viaje.
La logística de esta región es la parte que más diferencia un viaje aquí de cualquier otro itinerario por la Ring Road.
A diferencia de la Ring Road, asfaltada en su totalidad, varias de las carreteras secundarias que dan acceso a Látrabjarg y a Dynjandi son de grava, con tramos estrechos y algún puerto de montaña sin asfaltar por el camino. No es terreno de pista F propiamente dicha —no hace falta cruzar ríos ni un permiso especial—, pero conviene un 4×4, aunque sea uno básico, frente al coche de gama media que basta para la Ring Road asfaltada.
Conviene también planificar el repostaje con más margen del habitual: las gasolineras escasean fuera de Ísafjörður, y algunos tramos entre pueblos pueden superar la hora de conducción sin ningún punto de servicio por el camino. La cobertura de móvil, además, es irregular en buena parte de la península, así que descargar los mapas offline antes de entrar en la región es una precaución sencilla que evita sorpresas.
Esta región está pensada, casi sin excepción, para visitarse entre junio y agosto. Fuera de esos meses, varias de las carreteras de acceso cierran por nieve durante semanas o meses seguidos, y la propia colonia de aves de Látrabjarg solo tiene actividad entre primavera y verano, así que un viaje fuera de la ventana estival puede encontrarse la región prácticamente inaccesible.

La región no funciona bien como viaje aislado desde Reikiavik por lo larga que es la ida y vuelta; tiene más sentido como ampliación de un itinerario mayor.
La oferta hotelera de los Fiordos del Oeste es, con diferencia, la más reducida de todo el país, concentrada sobre todo en Ísafjörður. Conviene reservar estas noches con mucha más antelación que las del sur: no es tanto una cuestión de temporada alta como de que, simplemente, hay muy pocas camas disponibles en toda la región.
Los Fiordos del Oeste son, de todas las regiones de Islandia, la que más se aleja de la ruta que hace la mayoría de viajeros: un acantilado de aves marinas sin comparación en Europa, la cascada más fotogénica del país y pueblos que todavía viven ajenos al turismo de masas. No es una región para un primer viaje con poco margen de días, pero para quien ya conoce Islandia o busca algo distinto a los grandes iconos del sur, es la ampliación que más recompensa por cada día invertido.

El mejor itinerario de 14 días por Islandia añade, a la Ring Road completa y los Fiordos del Oeste del itinerario de 12 días, dos jornadas en las Tierras Altas —con Landmannalaugar como destino principal— y solo es viable entre finales de junio y principios de septiembre, cuando las pistas F permanecen abiertas.
A continuación, el reparto día a día de la ruta, qué exige de verdad conducir por las Tierras Altas, y cómo cambia la logística de un viaje que ya no se puede hacer con cualquier coche ni en cualquier época del año.
Antes de entrar en el día a día conviene dejar claro por qué esta ampliación concreta exige más preparación que cualquiera de las anteriores del cluster.
Las pistas F permanecen cerradas por ley la mayor parte del año, y las autoridades islandesas las abren de forma escalonada según las condiciones de cada temporada, normalmente entre mediados de junio y principios de julio, y las cierran de nuevo hacia finales de septiembre u octubre en cuanto empieza a nevar en el interior. No es una recomendación de prudencia, como el aviso de evitar los fiordos del este en invierno: es una prohibición literal, con barreras físicas en el acceso a cada pista, así que un itinerario de 14 días con Tierras Altas solo tiene sentido planificarlo entre finales de junio y principios de septiembre, sin excepción.

Esta es la estructura que mejor encadena las tres regiones sin duplicar tramos de carretera ni forzar trayectos imposibles en un solo día.
Estas son las tres experiencias que solo un itinerario de 14 días con acceso a las pistas F puede ofrecer.
Para quien disponga de algo más de margen, Þórsmörk —un valle verde encajonado entre tres glaciares, accesible solo por pistas F con varios cruces de ríos seguidos, algunos de los más exigentes de toda la región— es una alternativa o complemento a Landmannalaugar que muchos operadores solo cubren con autobuses especiales adaptados, dada la dificultad del acceso. No se detalla como parada fija de este itinerario de 14 días por lo ajustado del calendario, pero merece mención aparte para quien ya esté planificando una ampliación futura del viaje.

Las Tierras Altas cambian, más que cualquier otra región de este cluster de itinerarios, las decisiones de coche, presupuesto y fechas.
El 4×4 básico que recomendamos para el itinerario de 12 días no es suficiente para las pistas F: aquí hace falta un todoterreno de doble tracción homologado específicamente para F-roads, con altura al suelo suficiente para los cruces de río y, en la mayoría de los casos, con la opción de reducción de marchas activada por el conductor. Las compañías de alquiler islandesas distinguen claramente entre ambas categorías, y conducir una pista F con un vehículo no homologado para ello, además de peligroso, deja sin cobertura el seguro en caso de accidente o de avería por cruce de río.
Catorce días son, dentro de este cluster de itinerarios, la versión que más se aleja de lo que hace la mayoría de viajeros en Islandia: no solo la Ring Road completa y los Fiordos del Oeste, sino también dos días en un interior volcánico al que ni el turismo de masas ni la mayoría de itinerarios de una o dos semanas llegan nunca. Es la ruta adecuada para quien ya tiene experiencia conduciendo en el país, dispone de margen de fechas dentro de la ventana estival y quiere, por encima de todo, una Islandia que muy pocos viajeros llegan a ver.
Doce días son el margen justo para completar la Ring Road entera y, además, desviarse hacia una región que la inmensa mayoría de itinerarios ni siquiera contempla: los Fiordos del Oeste. Es la zona menos visitada de todo el país —apenas un 10% de los turistas que llegan a Islandia la pisan— precisamente porque queda fuera de la carretera circular y exige dedicarle días propios, no una parada de paso.

El mejor itinerario de 12 días por Islandia combina la Ring Road completa —sur, este y norte— con una incursión de tres días a los Fiordos del Oeste, la región menos masificada del país, antes de cerrar el viaje por la península de Snæfellsnes camino de regreso a Reikiavik.
A continuación, el reparto día a día de la ruta, qué aporta esta desviación que no aparece en ningún otro itinerario del blog, y cómo organizar la logística de un viaje que ya empieza a exigir un vehículo distinto al de una semana.
Antes de meterse en el día a día conviene entender por qué esta región concreta —y no otra— es la que justifica los dos días extra frente al itinerario de 10 días.
La Ring Road traza un círculo que bordea la isla, pero los Fiordos del Oeste sobresalen hacia el norte formando una península aparte, unida al resto del país por un istmo estrecho. Entrar y salir de la región supone, en la práctica, un desvío de ida y vuelta de varios cientos de kilómetros que no aporta nada a quien solo quiere completar el anillo —de ahí que ni el itinerario de 7 ni el de 10 días la incluyan—, pero que se convierte en el motivo principal del viaje para quien dispone de dos días extra y busca algo distinto al recorrido más fotografiado del país.
Esta ruta tiene sentido para quien ya ha visto —en fotos, en vídeos o en un viaje anterior— el Círculo Dorado y la Costa Sur y busca ahora la Islandia menos transitada, o para quien simplemente prioriza naturaleza y tranquilidad sobre acumular el máximo de iconos por día. No tiene tanto sentido para quien viaja por primera vez con poco tiempo de margen: en ese caso, nuestro itinerario de 10 días cubre mejor los grandes atractivos del país sin el desvío. Tampoco es una ruta recomendable en invierno: las carreteras de los Fiordos del Oeste, muchas sin asfaltar, son de las primeras en cerrarse por nieve, así que esta ampliación de 12 días está pensada, ante todo, para viajar entre junio y agosto.

Esta es la estructura que mejor encadena el anillo completo con la desviación hacia el oeste, sin duplicar tramos de carretera.
Día 8: desde la zona de Akureyri o Varmahlíð, trayecto largo —de 5 a 6 horas— hacia Ísafjörður, la capital de facto de los Fiordos del Oeste, bordeando la costa norte y cruzando el istmo que conecta la península con el resto del país; noche en la zona de Ísafjörður. Día 9: día completo dedicado al extremo suroeste de la región, con el acantilado de Látrabjarg y su colonia de aves marinas como destino principal, y la cascada de Dynjandi como parada en el camino de ida o vuelta; noche de nuevo en la zona de Ísafjörður o en algún pueblo cercano como Þingeyri. Día 10: mañana libre para pasear por Ísafjörður o acercarse a algún fiordo secundario de la zona, y salida a media tarde hacia el sur, cruzando de nuevo el istmo camino de Snæfellsnes.
Estas son, en concreto, las tres paradas que justifican los dos días de desvío respecto al itinerario de 10 días.
Dynjandi es, para buena parte de quienes ya han recorrido Islandia varias veces, la cascada más bonita del país: cae en forma de abanico, ensanchándose progresivamente desde 30 metros de ancho en la parte superior hasta unos 60 metros en la base, en un salto escalonado de unos 100 metros de altura total. El sendero que sube junto a la cascada, con varias caídas de agua menores en el camino, se puede completar en poco más de una hora.
Ísafjörður, rodeado de montañas que caen casi verticales sobre el fiordo, es el núcleo de población más grande de toda la región y funciona como base perfecta para los dos días en la zona, con la oferta de restaurantes y alojamiento más amplia de los Fiordos del Oeste. Pueblos más pequeños como Þingeyri o Flateyri, con apenas un puñado de casas cada uno, dan una idea de la escala real —y del aislamiento— con la que vive buena parte de esta región durante todo el año.

Añadir los Fiordos del Oeste cambia algunas decisiones de logística respecto al itinerario de 10 días, sobre todo en lo que respecta al vehículo.
A diferencia de la Ring Road, asfaltada en su totalidad, varias de las carreteras secundarias que dan acceso a Látrabjarg y a Dynjandi son de grava, con tramos estrechos y algún puerto de montaña sin asfaltar por el camino. No es terreno de F-road propiamente dicho —no hace falta cruzar ríos ni un permiso especial—, pero un coche de gama media puede pasarlo mal en esos tramos si llueve o si hay algo de nieve residual a principios o finales de temporada, así que para este itinerario concreto se recomienda un 4×4, aunque sea uno básico, frente al coche de carretera que basta para los itinerarios de 7 y 10 días.
Doce días permiten algo que ni el itinerario de 7 ni el de 10 días contemplan: salirse de la Ring Road para conocer una región que la mayoría de viajeros ni siquiera sabe que existe. Quien dude entre esta ruta y una más corta puede aplicar una regla sencilla: si el viaje es la primera vez en Islandia y el tiempo es ajustado, los itinerarios de 7 o 10 días cubren mejor lo esencial; si ya se conoce el país o se prioriza la tranquilidad sobre los grandes iconos, estos 12 días —con los Fiordos del Oeste como protagonistas— son la opción que más se aleja de la ruta que hace todo el mundo.
Diez días es la duración mínima realista para dar la vuelta completa a Islandia por la Ring Road sin encadenar jornadas maratonianas de carretera. Con ese margen entran, además del sur ya clásico, el Círculo de Diamante en el norte y los fiordos del este, dos zonas que un viaje de una semana simplemente no alcanza a cubrir.

El mejor itinerario de 10 días por Islandia consiste en completar la Ring Road en sentido horario o antihorario, combinando el Círculo Dorado y la Costa Sur con los fiordos del este y el Círculo de Diamante en el norte, sin necesidad de volver dos veces por la misma carretera.
A continuación se detalla la ruta día a día, en qué se diferencia de un itinerario de 7 días, qué añade el norte y el este que merece la pena, y cómo organizar la logística de un viaje más largo.
La Ring Road (carretera 1) suma unos 1.332 km si se recorre sin desvíos, pero el viaje real —con las carreteras secundarias hacia cada atractivo— añade bastante más kilometraje del que sugiere el mapa.
Repartidos en 10 días, la vuelta completa exige una media de 3-4 horas de conducción diarias, con picos de 5-6 horas en las etapas más largas del este y del norte, donde los núcleos de población —y por tanto los lugares donde parar a repostar o comer— están mucho más espaciados que en el sur. Es un ritmo exigente pero manejable si se acepta que algunos días serán, sobre todo, días de carretera con paradas puntuales, no jornadas de turismo intensivo como las del sur. A modo de referencia, el tramo entre Jökulsárlón y la zona de Egilsstaðir, en el este, o el que une Egilsstaðir con Mývatn, en el norte, son los dos trayectos más largos de todo el itinerario, y conviene tratarlos como «días de traslado» con alguna parada puntual, no como jornadas para encajar muchas visitas.

Esta es la estructura que mejor reparte el anillo completo, encadenando las regiones en el orden en que aparecen en la carretera sin duplicar tramos.
Estas son, en concreto, las paradas que justifican alargar el viaje tres días más respecto a la ruta de una semana.
El Círculo de Diamante es al norte lo que el Círculo Dorado es al sur: una ruta compacta que concentra Dettifoss —una de las cascadas más caudalosas de Europa—, el cañón en forma de herradura de Ásbyrgi y el paisaje geotérmico y volcánico del lago Mývatn, con sus fumarolas, cráteres y formaciones de lava de Dimmuborgir. Es, junto con Jökulsárlón, uno de los dos motivos de peso para elegir 10 días en lugar de 7.
Húsavík, a poco más de 45 minutos de Akureyri, está considerada una de las mejores localizaciones de Europa para el avistamiento de ballenas, con avistamientos frecuentes entre abril y octubre. Es una parada que encaja de forma natural en la ruta del día 8, sin apenas desvío respecto al trayecto hacia Akureyri.
Seyðisfjörður, con su calle principal pintada de colores que baja directa hasta el fiordo, es la parada más fotogénica —y menos visitada— de todo el itinerario, precisamente porque queda fuera del alcance de cualquier ruta de una semana. Los fiordos del este en general son la región con menos tráfico turístico de toda la Ring Road, algo que se nota en el ritmo mucho más tranquilo de los pueblos de la zona.

Tres días más de ruta cambian algunas decisiones de logística respecto al itinerario de 7 días, sobre todo en las zonas menos pobladas del este y el norte.
Para la Ring Road asfaltada, un coche de gama media sigue siendo suficiente en verano, aunque conviene priorizar uno con buena autonomía de depósito: en los fiordos del este las gasolineras están mucho más espaciadas que en el sur, y quedarse corto de combustible en esa zona implica desvíos largos, no una simple vuelta atrás.
Esta es, con diferencia, la mayor diferencia logística respecto al itinerario de 7 días: la oferta de alojamiento en los fiordos del este y en pueblos como Egilsstaðir o Mývatn es muy inferior a la de la Costa Sur, así que conviene reservar estas noches con más antelación todavía que las del sur, especialmente en los meses centrales del verano, cuando la demanda de toda la Ring Road se concentra en pocas semanas.
Diez días permiten cerrar la Ring Road completa sin renunciar a la calma con la que se recorre un itinerario más corto: el sur ya conocido, el Círculo de Diamante en el norte y unos fiordos del este todavía poco masificados. Quien dude entre esta ruta y una más corta puede usar una regla simple: si el objetivo es ver los grandes iconos del sur sin prisa, 7 días bastan; si el objetivo es conocer el país de punta a punta, estos 10 días son el mínimo razonable para hacerlo sin que el viaje se convierta en una sucesión de trayectos de carretera.
Viajar a Islandia en invierno significa cambiar los 24 días de sol de julio por apenas 4-5 horas de luz en diciembre, pero a cambio se gana un paisaje de cascadas semicongeladas, campos de lava cubiertos de nieve y la posibilidad real de ver auroras boreales sobre la cabeza.

Sí, viajar a Islandia en invierno merece la pena: se gana la mejor ventana del año para ver auroras boreales y un paisaje que no existe en verano, pero exige planificar cada día en torno a apenas 4-8 horas de luz solar según el mes y renunciar a la vuelta completa a la isla por los cierres de carretera.
En este artículo repasamos las horas de luz mes a mes, qué zonas son seguras en esta época, un itinerario de 7 días ya probado para la temporada baja y cómo preparar el viaje sin sorpresas.
La luz solar es la variable que más condiciona un viaje a Islandia en invierno: no solo cuánta hay, sino a qué horas, porque marca cuándo se puede conducir con seguridad y cuántas paradas caben en un día.
| Mes | Salida del sol | Puesta del sol | Horas de luz efectivas |
|---|---|---|---|
| Octubre | 07:30 | 19:00 | 11-12 horas |
| Noviembre | 09:30 | 16:30 | 7 horas |
| Diciembre | 11:15 | 15:30 | 4-4,5 horas (solsticio) |
| Enero | 11:00 | 16:00 | 5 horas |
| Febrero | 09:30 | 17:45 | 8 horas |
| Marzo | 07:30 | 19:30 | 12 horas |
La franja de menos luz —de mediados de noviembre a finales de enero— exige salir de ruta nada más amanecer y tener el trayecto del día cerrado antes de las 15:00-16:00. Fuera de esas semanas, en octubre y marzo, las horas de luz ya se acercan a las de un día de otoño en el sur de Europa y el viaje se planifica con mucha más holgura.
Las temperaturas en la costa (Reikiavik, Costa Sur) se mueven habitualmente entre 0 y -3 °C, más suaves que en el interior gracias a la Corriente del Golfo, aunque el viento —frecuente y racheado— hace que la sensación térmica baje varios grados. El tiempo cambia con rapidez: nieve, hielo, lluvia y viento fuerte pueden sucederse en la misma jornada, así que conviene revisar a diario tanto el estado de las carreteras (road.is) como el aviso meteorológico (vedur.is) antes de salir.

No todas las regiones del país son accesibles con seguridad entre octubre y marzo. Elegir bien la zona es tan importante como elegir bien las fechas.
Intentar completar la Ring Road (la carretera 1, que rodea toda Islandia) en un viaje corto de invierno es uno de los errores más habituales: los temporales cierran tramos de carretera sin previo aviso, especialmente en el norte y el noreste, y una ruta pensada para 7-10 días en verano puede quedar bloqueada por completo un día entero. Los puertos de montaña más problemáticos en esta época —Vatnsskarð, Breiðdalsheiði o la meseta de Möðrudalsöræfi, camino del norte— son precisamente los que separan el sur del resto de la isla, así que un cierre ahí puede obligar a rehacer el itinerario entero sobre la marcha. En invierno es mucho más inteligente concentrar el viaje en el sur y el oeste, donde la red viaria se mantiene mejor, hay más pueblos con gasolinera y alojamiento de repuesto, y las distancias entre paradas son más cortas.
Esta es la estructura que mejor funciona para una semana en temporada baja, evitando los tramos de carretera más expuestos al temporal.
Día 1: llegada a Keflavík, parada en la Laguna Azul (o en la Sky Lagoon, ya en las afueras de Reikiavik, si se prefiere terminar el día más cerca del alojamiento) y noche en Reikiavik. Día 2: Círculo Dorado completo (Þingvellir, área geotérmica de Geysir y cascada Gullfoss), una jornada que en invierno se completa cómodamente incluso con solo 5-7 horas de luz, por lo que suele dejar margen para volver a Reikiavik y cenar con calma. Día 3: Costa Sur hasta Vík, con Seljalandsfoss, Skógafoss y la playa de arena negra de Reynisfjara; conviene salir lo antes posible dado que es la etapa con más paradas del itinerario.
Día 6: península de Snæfellsnes, con Kirkjufell y los pueblos pesqueros de la zona; es la etapa más larga en carretera de todo el itinerario, así que conviene revisar el parte meteorológico la noche anterior y tener un plan B (quedarse en el Círculo Dorado un día más) si se anuncia temporal. Día 7: mañana libre en Reikiavik para compras en Laugavegur, algún museo o las piscinas termales urbanas, antes del vuelo de regreso.

La logística de invierno es distinta a la de verano en tres puntos muy concretos, y resolverlos de antemano es lo que separa un viaje tranquilo de uno con sustos de última hora.
Viajar a Islandia en invierno no es una versión «reducida» del viaje de verano: es una experiencia distinta, con sus propias reglas de horas de luz, sus propias zonas recomendadas y su propia recompensa, las auroras boreales. Con una ruta bien planteada como la de estos 7 días, y la logística de conducción y equipaje resuelta de antemano, la temporada baja se convierte en una de las mejores formas de conocer el país.