Pocas sensaciones superan a la de estar en la gran cavidad rocosa detrás de Seljalandsfoss. Desde allí, el rugido del agua es ensordecedor y la perspectiva del paisaje islandés, enmarcado por la caída de agua, es sencillamente mística. Este sendero está abierto la mayor parte del año, aunque en invierno suele cerrarse debido a la formación de hielo peligroso en las rocas.
Como guía, siempre explico que esta cueva es una formación natural erosionada por el mar hace miles de años, cuando el nivel del océano llegaba hasta la base de estos acantilados. Hoy, nos regala uno de los miradores más singulares del mundo.
Muchos turistas cometen el error de ver Seljalandsfoss y volver al coche. ¡Gran fallo! Si caminas apenas 500 metros hacia el norte por el mismo sendero, te encontrarás con Gljúfrabúi (el «habitante del cañón»).
Es una cascada «oculta» dentro de una estrecha grieta en la roca. Para verla, debes saltar sobre unas piedras en un pequeño arroyo y entrar en una cueva abierta al cielo. Es una experiencia de aventura pura que suele dejar a los viajeros incluso más impresionados que la propia Seljalandsfoss debido a su atmósfera de fantasía.
Si visitas Islandia en verano, te daré un consejo de profesional: ven aquí a medianoche. Seljalandsfoss está orientada hacia el oeste, lo que significa que el sol bajo del verano ilumina directamente la cortina de agua, tiñéndola de tonos dorados y rosados. Es el momento perfecto para los fotógrafos, ya que las multitudes han desaparecido y la luz es simplemente perfecta.
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Dato curioso: Seljalandsfoss fue uno de los escenarios del videoclip «I’ll Show You» de Justin Bieber, lo que disparó su popularidad a nivel mundial, aunque nosotros ya la amábamos mucho antes.